Los resultados de las últimas pruebas PISA volvieron a encender el debate sobre la situación de la educación argentina. La evaluación internacional mostró un fuerte deterioro en áreas centrales como matemática, lectura y ciencias, y reabrió una discusión que, según el exministro de Educación de la Nación Alberto Sileoni, no puede reducirse a buscar responsables en una determinada gestión de gobierno.
En diálogo con Antonio Novas, Sileoni sostuvo que los resultados son “muy malos” y representan un problema que atraviesa a distintas administraciones.
“Acá hay un problema de la sociedad que la política no ha podido resolver, y me incluyo en esto”, afirmó.
El exfuncionario recordó que la Argentina participa de las pruebas PISA desde 2006 y consideró que, más allá de algunas mejoras puntuales, no existe una tendencia sostenida de recuperación de los aprendizajes.
Matemática, lectura y ciencias: los números que preocupan
Sileoni puso el foco en el deterioro registrado en las distintas áreas evaluadas.
Según explicó durante la entrevista, los resultados muestran una caída respecto de la medición anterior: 13 puntos menos en ciencias, 12 en lectura y 11 en matemática, siendo esta última área la que alcanzó el resultado más bajo de toda la serie histórica argentina.
Para el exministro, los datos deben ser interpretados como una señal de alerta que excede las disputas políticas.
“Es un problema transhistórico, que es de todas las gestiones que hubo”, señaló.
En ese sentido, comparó el desafío educativo con otros problemas estructurales del país, como la inflación, y planteó que se trata de cuestiones que distintas administraciones no lograron resolver de manera definitiva.
La caída de la inversión educativa
Uno de los principales puntos planteados por Sileoni fue el financiamiento.
El exministro cuestionó que la inversión educativa haya descendido desde niveles equivalentes al 6% del PBI hasta alrededor del 4%, y sostuvo que esa reducción tiene consecuencias concretas sobre el funcionamiento del sistema.
“La OCDE tiene cuatro veces más inversión por alumno que América Latina”, afirmó.
Y dejó una definición contundente sobre el vínculo entre recursos y resultados:
“Si no invertís, no te va a ir mejor”.
Sileoni aclaró que el actual Gobierno nacional no puede ser considerado responsable exclusivo de los resultados de las pruebas PISA porque las evaluaciones reflejan procesos acumulativos. Sin embargo, cuestionó fuertemente las políticas educativas de la actual administración y sostuvo que la reducción de la inversión no puede producir una mejora de los aprendizajes.
“Estamos en el sótano de la democracia. No hubo un gobierno peor en materia educativa que este”, afirmó.
“No quiero discutir quién es el culpable”
A pesar de sus críticas al Gobierno de Javier Milei, Sileoni insistió en que el debate no debería limitarse a establecer responsabilidades partidarias.
Explicó que los estudiantes evaluados tienen alrededor de 15 años y que su trayectoria escolar atravesó diferentes gobiernos, incluida la pandemia.
Por ese motivo, consideró que los resultados deben servir para diseñar políticas educativas de largo plazo, capaces de sostenerse independientemente de los cambios de gobierno.
“Hemos hecho un esfuerzo social en incluir miles de chicos en la escuela, pero ese esfuerzo no fue acompañado por el mejoramiento de los aprendizajes”, reconoció.
Para Sileoni, el desafío actual consiste en lograr que la inclusión educativa esté acompañada por mejores resultados académicos.
El impacto de las pantallas y la pérdida del hábito de leer
Más allá de la inversión y las políticas públicas, Sileoni también señaló que parte de las dificultades observadas en las pruebas internacionales responden a transformaciones sociales que atraviesan a distintos países.
En particular, mencionó el crecimiento del tiempo frente a las pantallas, la pérdida del hábito de lectura y las dificultades para mantener la concentración.
“Hay un problema específico que tiene que ver con el tiempo de las pantallas, con la pérdida del hábito de lectura, con lecturas desatentas, con dificultades en la concentración”, explicó.
El exministro sostuvo además que se está produciendo una transformación en las formas de comunicación.
“Se ha perdido la conversación”, afirmó, y relató que incluso en el ámbito universitario existe una creciente dificultad para abordar textos relativamente extensos.
La reflexión coincidió con una observación realizada por Antonio Novas durante la entrevista: la creciente preferencia de muchos jóvenes y adultos por comunicarse mediante mensajes de texto en lugar de mantener conversaciones telefónicas.
Para Sileoni, ese cambio cultural también puede tener consecuencias sobre las capacidades de comunicación, comprensión y expresión.
Qué hacer para recuperar la educación argentina
Frente a un escenario que calificó como complejo, Sileoni planteó una serie de medidas que, a su criterio, deberían formar parte de una estrategia nacional de recuperación educativa.
Entre ellas mencionó:
- Aumentar el financiamiento educativo.
- Fortalecer la escuela pública.
- Implementar técnicas concretas para mejorar la enseñanza de lengua y matemática.
- Recuperar el salario docente.
- Garantizar clases de manera sostenida.
- Mejorar las condiciones sociales de los estudiantes.
- Trabajar sobre la pobreza infantil y el entramado familiar.
El exministro consideró que la educación no puede mejorar rápidamente y remarcó que los países que lograron revertir malos resultados necesitaron políticas sostenidas durante años.
“No es de un día para el otro, pero hay que sostener esas decisiones en el tiempo”, afirmó.
“La Argentina todavía tiene fortalezas”
A pesar de su diagnóstico crítico, Sileoni evitó plantear un escenario sin salida.
Por el contrario, destacó algunas características del sistema educativo argentino que, según su mirada, pueden convertirse en puntos de apoyo para una recuperación.
Entre ellas mencionó la amplia presencia territorial de la escuela pública, el sistema universitario y el deseo de amplios sectores sociales de que sus hijos puedan acceder a estudios superiores.
“Las clases bajas argentinas sueñan con que sus hijos vayan a la universidad todavía”, sostuvo.
En ese punto destacó también el desarrollo de la Universidad Nacional de Pilar y consideró que el sistema universitario argentino constituye una de las fortalezas que el país todavía conserva.
Para Sileoni, la Argentina debería aprovechar esas capacidades para alcanzar un pacto educativo que permita establecer objetivos comunes y políticas de largo plazo.
“Volvamos al 6% del PBI, volvamos a trabajar”, propuso.
Una recuperación que podría llevar años
El interrogante planteado durante la entrevista fue cuánto tiempo podría necesitar la Argentina para recuperar los niveles de aprendizaje.
La respuesta de Sileoni fue prudente: no existe una solución inmediata.
La recuperación requerirá continuidad, inversión, políticas pedagógicas específicas y una estrategia que trascienda los ciclos electorales.
El exministro se mostró, sin embargo, optimista respecto del futuro.
“Yo siempre tengo simpatía por el mundo que viene”, afirmó.
Y sostuvo que la Argentina todavía conserva reservas sociales e institucionales que podrían permitir revertir la situación si existe un acuerdo político suficiente para colocar nuevamente a la educación entre las prioridades nacionales.
El desafío detrás de las pruebas PISA
Los resultados de PISA, en definitiva, no solo miden cuánto saben los estudiantes de 15 años en matemática, lectura y ciencias. Para Sileoni, también funcionan como un espejo de las dificultades que enfrenta la sociedad argentina.
La discusión, entonces, excede a una evaluación internacional y plantea una pregunta de fondo: qué tipo de país podrá construir una generación que hoy tiene dificultades para comprender un texto, resolver problemas matemáticos o interpretar información científica.
La respuesta, según el exministro, no estará en una medida aislada ni en un cambio de gobierno, sino en recuperar el valor de la educación y sostener las políticas necesarias durante muchos años.
