Flavia Costa en la Universidad Nacional de Pilar: una reflexión sobre la inteligencia artificial, la tecnología y el futuro de la humanidad

La Universidad Nacional de Pilar recibió este viernes 6 de noviembre a la investigadora Flavia Costa, quien brindó una exposición centrada en las profundas transformaciones que atraviesa la sociedad contemporánea a partir del desarrollo tecnológico, la expansión de los ecosistemas digitales y la incorporación de la inteligencia artificial en distintos ámbitos de la vida cotidiana.

Durante su presentación, Costa propuso una mirada interdisciplinaria sobre los desafíos del presente y del futuro, con especial atención a tres grandes dimensiones: los cambios en la escala planetaria, las nuevas formas de gobierno y organización social mediadas por algoritmos, y las transformaciones que estas tecnologías producen sobre la subjetividad y la propia condición humana.

La exposición invitó a reflexionar sobre una pregunta que atravesó buena parte de su intervención: ¿cómo será el mundo que estamos construyendo y qué lugar ocuparán los seres humanos en él?

Del Antropoceno al Tecnoceno: una transformación a escala planetaria

Uno de los ejes centrales fue el concepto de Tecnoceno, desarrollado por la investigadora para analizar el impacto de las tecnologías contemporáneas sobre la sociedad y el planeta.

En ese marco, recuperó el debate sobre el Antropoceno, una noción que busca describir una etapa en la que la actividad humana produce transformaciones de enorme magnitud y duración sobre los sistemas naturales.

A partir de diferentes indicadores ambientales y socioeconómicos, explicó el fenómeno de la denominada «gran aceleración», especialmente visible desde mediados del siglo XX. El crecimiento de la población, la urbanización, el consumo energético, la industrialización y las emisiones contaminantes son algunas de las variables que permiten dimensionar la velocidad de esos cambios.

Costa también destacó que estos procesos no constituyen necesariamente un destino irreversible. La experiencia de las políticas internacionales que permitieron reducir el deterioro de la capa de ozono demuestra que las decisiones colectivas y las regulaciones pueden modificar determinadas tendencias.

Desde esa perspectiva, planteó la necesidad de comprender la tecnología no solamente como un conjunto de herramientas, sino como una dimensión que interviene en las relaciones sociales, económicas, políticas y ambientales.

Inteligencia artificial, poder y democracia

Otro de los núcleos de la exposición estuvo dedicado al avance de la inteligencia artificial y a las nuevas formas de organización y control que surgen alrededor de los sistemas algorítmicos.

La investigadora explicó que las tecnologías digitales ya no constituyen un espacio opcional de interacción. Cada vez más actividades vinculadas con el ejercicio de la ciudadanía, como acceder a servicios de salud, realizar trámites o gestionar derechos, requieren atravesar plataformas y sistemas digitales.

En ese escenario, advirtió sobre las desigualdades que persisten en el acceso y el uso de estas tecnologías, así como sobre la concentración de infraestructura, información y capacidad de decisión en grandes corporaciones internacionales.

También analizó los riesgos que la inteligencia artificial puede generar para los derechos fundamentales, el trabajo, la privacidad y la calidad de las democracias.

En relación con su regulación, sostuvo la importancia de superar una mirada exclusivamente ética. Si bien los principios y valores son fundamentales, también se necesitan mecanismos concretos de control, auditorías, protocolos de seguridad, estándares técnicos y marcos jurídicos que permitan intervenir sobre el funcionamiento de estos sistemas.

La pregunta, en este sentido, no es solamente qué pueden hacer las nuevas tecnologías, sino quiénes las desarrollan, quiénes las controlan y bajo qué criterios se toman las decisiones que afectan a la sociedad.

¿Cómo cambia nuestra forma de ser humanos?

La tercera dimensión abordada estuvo relacionada con las transformaciones de la subjetividad y las formas de vincularnos con el mundo.

Costa analizó cómo la permanente exposición a estímulos digitales, la velocidad de circulación de la información y los nuevos hábitos de consumo tecnológico modifican nuestra atención, nuestras relaciones y nuestras maneras de producir conocimiento.

En ese contexto, recuperó el debate sobre el transhumanismo y las distintas formas en que la tecnología interviene sobre el cuerpo, la memoria, las capacidades humanas y la relación con otras especies y con el ambiente.

La investigadora propuso evitar tanto el optimismo tecnológico que supone que todas las dificultades podrán resolverse mediante nuevas herramientas como las miradas catastrofistas que consideran inevitable un futuro negativo.

En cambio, planteó la necesidad de comprender los problemas, estudiar sus consecuencias y desarrollar capacidades colectivas para intervenir sobre ellos.

El papel de las universidades frente a los nuevos desafíos

A lo largo de la exposición, Costa destacó la importancia de construir una mirada sistémica que permita comprender las relaciones entre tecnología, sociedad, instituciones y política.

En ese sentido, las universidades tienen un papel central: generar conocimiento, formar profesionales capaces de interpretar los cambios de época y promover espacios de debate que permitan pensar alternativas frente a los desafíos tecnológicos.

La presentación constituyó una oportunidad para reflexionar sobre el lugar de la inteligencia artificial en nuestras vidas y sobre la responsabilidad de las instituciones educativas en la construcción de una sociedad capaz de comprender y orientar esas transformaciones.

El desafío, en definitiva, no consiste en rechazar los cambios ni en aceptarlos sin cuestionamientos, sino en desarrollar las herramientas intelectuales, políticas y colectivas necesarias para decidir qué futuro queremos construir.

Sobre Flavia Costa

Flavia Costa es doctora en Ciencias Sociales y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y docente universitaria. Se especializa en el estudio de las relaciones entre tecnología, cultura, política y sociedad.

Dirige el Observatorio de Tecnologías, Sociedad y Ecosistemas Digitales (TecnocenoLab) de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA e integra el colectivo Ludión, dedicado a la investigación de las poéticas y políticas tecnológicas.

Es autora del libro Tecnoceno. Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida (2021), obra en la que desarrolla su análisis sobre las transformaciones tecnológicas contemporáneas y sus consecuencias sobre la vida humana. En 2024 recibió el Premio Konex en la categoría Ensayo Político.

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