La salud mental y la conducta pública de Javier Milei volvieron a instalarse en el centro del debate político. En medio de las declaraciones de la vicepresidenta Victoria Villarruel y de distintas opiniones de especialistas, la psicoanalista y magíster en Ciencia Política Nora Merlín analizó el comportamiento del Presidente y planteó la necesidad de evaluar si determinados rasgos de su personalidad resultan compatibles con el ejercicio de la máxima función del Estado.
Merlín habló con Antonio Novas en el programa Personalmente, de FM Estudio 2, donde fue consultada sobre las reacciones de Milei frente a las críticas y demandas sociales.
La especialista aclaró desde el comienzo que no corresponde realizar un diagnóstico clínico sin una evaluación profesional. Sin embargo, consideró que determinados comportamientos públicos pueden ser analizados desde una perspectiva psicológica y política.
“Yo creo que algunos dicen: el Presidente no escucha a la sociedad. Yo creo que escucha, pero el problema está en qué escucha”, sostuvo.
Según Merlín, Milei interpretaría determinadas demandas sociales como ataques personales o políticos y reaccionaría en consecuencia.
“Él está escuchando ataques cuando no hay ataques”, afirmó, y mencionó entre las demandas sociales los reclamos de jubilados, trabajadores del Hospital Garrahan, personas con discapacidad y ciudadanos endeudados.
“Hay una dificultad para procesar el conflicto”
La psicoanalista describió una modalidad de respuesta que, a su entender, se caracteriza por la confrontación permanente y el desborde verbal.
“Se defiende atacando, confrontando, no controlando sus impulsos, con un desborde verbal, con una dificultad para procesar el conflicto”, sostuvo durante la entrevista.
Merlin consideró que detrás de esa conducta existe una lógica de confrontación que divide la realidad entre “héroes y villanos”.
“Es una posición infantil de héroes y villanos, como si fuese un videojuego”, afirmó.
Para la especialista, esa dinámica genera una distancia entre el discurso presidencial y las demandas de amplios sectores de la sociedad.
“Se produce algo que aparece como una brecha entre el relato del Presidente y lo que le pasa a la sociedad”, explicó.
La advertencia sobre el diagnóstico
Uno de los momentos más delicados de la entrevista se produjo cuando Novas consultó directamente a Merlín sobre la posibilidad de que Milei tuviera algún tipo de patología.
La especialista evitó realizar un diagnóstico a distancia y remarcó que no alcanza con identificar determinados rasgos para establecer una enfermedad mental.
“Patologías tenemos todas. No alcanza con eso”, explicó.
Y agregó que la cuestión central es determinar si esos rasgos resultan compatibles con la función institucional que desempeña una persona.
“Tenemos que pensar si esa patología es acorde a la función democrática de un Presidente o no”, señaló.
En ese sentido, insistió en que un jefe de Estado debería contar con la capacidad de escuchar e interpretar las demandas de la sociedad en su conjunto.
“Un Presidente tiene que estar apto para escuchar, tiene que tener la sensibilidad de interpretar lo que está pidiendo la sociedad porque es un representante del conjunto social, no solamente los que lo eligieron”, sostuvo.
“Escucha ataques y ataca”
Merlín también utilizó un concepto propio de la psicología para explicar la conducta que observaba.
“Hay un mecanismo en psicología que se llama proyección. Entonces él proyecta: escucha ataques y ataca. Eso se llama proyección”, afirmó.
Además, manifestó preocupación por lo que definió como una excesiva certeza en las posiciones del Presidente.
“Hay otra cosa que también es preocupante, que es una certeza que él tiene. La gente que tiene tantas certezas no está bien”, sostuvo.
No obstante, volvió a remarcar que esas observaciones no equivalen a un diagnóstico médico.
El pedido de una evaluación médica
Durante la entrevista, Novas mencionó la postura de otro profesional que había planteado que Milei debería ser evaluado por el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de la Nación.
Ante esa consulta, Merlín manifestó su acuerdo.
“Yo estaría de acuerdo”, respondió.
La especialista fue más allá y sostuvo que existen elementos que, a su entender, justificarían una evaluación profesional.
“En este caso hay fuertes rasgos, situaciones que ameritan una evaluación”, afirmó.
Merlín aclaró que su planteo no pretende convertirse en una herramienta de desestabilización institucional.
“No quiero que sea entendido eso como una situación golpista, desestabilizadora del gobierno, que de ninguna manera”, señaló, y se definió como una “ciudadana democrática”.
La crítica a la “crueldad” del modelo
Sobre el final del diálogo, Merlín incorporó otro elemento a su análisis: la dimensión social de las políticas del Gobierno.
“Yo veo una satisfacción en la crueldad”, afirmó.
Según la especialista, no se trataría solamente de una discusión económica, sino también de una determinada forma de ejercer el poder.
“Es un modelo que no es solamente un modelo económico, sino también es una rareza en el sistema democrático”, sostuvo.
Merlín consideró que la diferencia con otros períodos históricos estaría en la exposición pública de determinadas medidas y discursos.
“Hubo actos de crueldad en nuestra historia, pero se ocultaban, se disfrazaban. Acá se exhiben con impudor y sinvergüenza”, afirmó.
Finalmente, la psicoanalista vinculó su análisis con el escenario electoral y consideró que las urnas podrían reflejar el grado de aceptación social de las políticas del Gobierno.
“Me parece que van a demostrar que no se está escuchando a la sociedad”, concluyó.
