Tarjetas de crédito: por qué las tasas siguen cerca del 80% y qué tiene que ver el riesgo electoral

La difusión de una tasa del 66,44% para el refinanciamiento de los saldos de las tarjetas de crédito generó dudas entre los consumidores, especialmente entre quienes arrastran deudas y deben recurrir al pago mínimo o a planes de financiación.

Sin embargo, según explicó el economista Pablo Curat, exdirector del Banco Central, ese porcentaje no significa que las tarjetas vayan a cobrarle directamente un 66% anual al usuario.

En diálogo con Antonio Novas, Curat explicó que la tasa de las tarjetas de crédito es una de las pocas tasas activas que se encuentra regulada por ley. El mecanismo establece un límite vinculado al promedio de las tasas de los préstamos personales que otorgan los bancos.

“Es la única tasa que está topeada”, explicó el economista, al señalar que el Banco Central publica mensualmente el promedio de las tasas de préstamos personales para establecer el parámetro que deben respetar las emisoras.

De acuerdo con su explicación, sobre ese promedio se permite un adicional de hasta el 25%. Por eso, una tasa de referencia del 66% puede derivar en un límite cercano al 82% u 83% anual para las tarjetas.

El verdadero problema: la deuda acumulada

La conversación tomó otro rumbo cuando Novas planteó una pregunta central para quienes utilizan tarjetas de crédito: ¿por qué una deuda relativamente pequeña puede terminar multiplicándose hasta convertirse en prácticamente impagable?

Curat identificó tres factores principales.

El primero es el costo de financiamiento de las propias emisoras de tarjetas. Según explicó, las compañías no bancarias actualmente se financian a tasas que pueden ubicarse entre el 35% y el 40%. Muchas de ellas toman préstamos de bancos, que a su vez captan depósitos a tasas inferiores.

El segundo factor está relacionado con los costos operativos: personal, sucursales, sistemas, impuestos y otros gastos asociados al funcionamiento del sistema financiero.

El tercero es uno de los elementos que más preocupa: la mora.

“Cuanto mayor es la mora, mayor es la tasa que precisan”, explicó Curat, al advertir que el aumento de los incumplimientos impacta directamente sobre el costo del crédito.

El economista señaló que en los últimos meses se incrementó la cantidad de personas que ingresaron en planes de refinanciación debido a saldos impagos. En esos casos, las entidades pueden ofrecer préstamos de mayor plazo y, paradójicamente, tasas inferiores a las que se aplican al saldo rotativo de una tarjeta.

“Ahí la tasa puede estar en el orden del 35, 40, 45%”, detalló, aunque aclaró que se trata de situaciones particulares en las que la entidad busca recuperar una deuda que ya entró en mora.

El salto de las tasas y el tercer trimestre de 2025

Novas también consultó a Curat sobre el momento en que se produjo el fuerte incremento de las tasas de interés y planteó si el fenómeno había comenzado a partir de las decisiones adoptadas por el Gobierno para evitar una mayor demanda de dólares.

El economista ubicó el período más crítico entre julio, agosto y septiembre de 2025, con especial intensidad durante el tercer trimestre.

Según su explicación, en ese momento el Banco Central dejó de intervenir directamente sobre la fijación de las tasas y, al mismo tiempo, aumentó la demanda de dólares como mecanismo de cobertura frente al escenario electoral.

La consecuencia fue un fuerte incremento de las tasas de interés, que en algunos casos llegaron a superar el 100% anual.

Curat sostuvo que la situación se agravó durante septiembre y que comenzó a normalizarse posteriormente. Las tasas empezaron a descender después de las elecciones y, hacia febrero de este año, los rendimientos de los plazos fijos habían bajado a niveles cercanos al 20%-22%.

Pero el salto previo dejó una consecuencia que todavía impacta sobre los consumidores: el aumento de la mora.

“Ese período fue el que provocó la gran suba de la mora”, afirmó Curat, al mencionar especialmente a los usuarios de tarjetas de crédito, quienes tomaron préstamos personales y las pequeñas y medianas empresas.

Por qué los bancos no bajan las tasas de los préstamos personales

La pregunta central de Novas fue por qué, si algunas tasas de corto plazo ya descendieron, los préstamos personales y las refinanciaciones continúan siendo tan caros.

Curat explicó que hay una diferencia fundamental entre los créditos de corto plazo y los préstamos personales.

“Las tasas que se mantienen activas muy altas son básicamente las de préstamos personales y las de tarjetas”, señaló.

En cambio, instrumentos utilizados por empresas, como los adelantos en cuenta corriente y el descuento de cheques, ya presentan tasas cercanas al 30%, en niveles más próximos a la inflación.

La explicación, según el economista, está en los plazos.

Un adelanto en cuenta corriente puede tener un vencimiento de pocas semanas, mientras que un préstamo personal puede extenderse durante dos años o más. Cuando se trata de refinanciar una deuda, el plazo puede ser todavía mayor.

Y allí aparece un factor que, según Curat, resulta determinante: el riesgo electoral.

El temor a que vuelva a ocurrir lo de 2025

Los bancos, explicó el economista, tienen que decidir hoy cuánto cobrar por créditos que posiblemente permanezcan vigentes hasta después de las próximas elecciones.

“Cuando los bancos ven que dentro de dos años estamos hablando del año 2028”, explicó, consideran la posibilidad de que durante el próximo proceso electoral vuelva a producirse una fuerte volatilidad del dólar y de las tasas.

El razonamiento de las entidades es preventivo: si colocaran hoy préstamos a tasas del 30% o 40% y el año próximo las tasas volvieran a dispararse como ocurrió durante el tercer trimestre de 2025, quedarían expuestas a una pérdida financiera.

Por eso, según Curat, los bancos incorporan ese riesgo futuro en la tasa que cobran actualmente.

“La respuesta viene por el riesgo electoral”, resumió.

Una diferencia que explica buena parte del problema

El economista también remarcó que no debe confundirse la tasa que reciben los ahorristas con la que pagan quienes necesitan financiamiento.

Los bancos manejan tasas pasivas, que son las que pagan por los depósitos, y tasas activas, que son las que cobran por prestar dinero.

Actualmente, la brecha entre ambas puede ser muy significativa, especialmente en los préstamos personales y en las refinanciaciones de tarjetas.

Para el consumidor, el resultado es concreto: aunque la inflación y algunas tasas de corto plazo hayan descendido, financiar una deuda de tarjeta continúa siendo extremadamente costoso.

Y mientras las entidades financieras mantengan incorporado en sus cálculos el riesgo de una nueva volatilidad cambiaria y financiera, la reducción de las tasas para los créditos de largo plazo podría demorarse.

La explicación de Curat deja así una conclusión directa: el 66,44% no es lo que necesariamente pagará un usuario endeudado con su tarjeta y, detrás de las elevadas tasas actuales, no sólo está el costo del dinero, sino también la mora y el temor de los bancos a un nuevo escenario de inestabilidad durante el próximo ciclo electoral.

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