En un fútbol donde la urgencia suele imponerse por sobre los procesos, Real Pilar parece haber encontrado una fórmula distinta: continuidad, identidad y una mística que ya se siente dentro y fuera de la cancha. Así lo dejó en claro su entrenador, Gabriel «Piter» Torres, en una extensa entrevista concedido a Luciano Gómez en el Programa de Galera y Bastón emitido en FM 105.9 de Pilar, donde repasó el presente del equipo y los pilares de un proyecto que no deja de crecer.
El reciente triunfo volvió a posicionar al conjunto pilarense en los puestos de vanguardia, reafirmando una constante de los últimos años: competir siempre arriba. “Es importante pelear cosas importantes y lo estamos logrando desde que llegamos”, sostuvo Torres, con la tranquilidad de quien respalda sus palabras en números: más del 70% de los puntos obtenidos en más de 120 partidos al frente del equipo.
Sin embargo, el entrenador no esquiva el desafío que implica sostener ese nivel. La exigencia interna y externa es cada vez mayor. “La gente se acostumbró a ganar”, reconoció, marcando una realidad que, lejos de incomodarlo, parece ser combustible para seguir elevando la vara.
Un proyecto que va más allá del resultado
Uno de los ejes centrales del discurso de Torres es la construcción a largo plazo. Más allá del objetivo inmediato del ascenso, el club comenzó a apostar fuerte por sus divisiones inferiores, integrando juveniles al plantel profesional y proyectando un futuro con identidad propia.
“Queremos formar jugadores del club. Ya hay chicos trabajando con Primera y algunos debutaron”, explicó. Esta decisión no solo apunta a lo deportivo, sino también a consolidar un modelo institucional.
En esa línea, el técnico destacó el rol de la dirigencia y el respaldo constante recibido, especialmente de su presidente, una figura clave en su continuidad. “A César no le puedo decir que no”, afirmó, evidenciando un vínculo que trasciende lo profesional.
La construcción de una mística
Torres repite una palabra que sintetiza el momento del club: mística. Una identidad que se fue forjando con resultados, trabajo y convicción.
“Cuando los equipos crecen, se hacen poderosos. Hoy los rivales saben que somos fuertes”, aseguró. Esa fortaleza no solo se refleja en la tabla, sino también en el impacto que genera en los propios jugadores: quien llega a Real Pilar sabe que viene a competir por cosas importantes.
Incluso futbolistas de trayectoria, como Sebastián Blanco, han contribuido a esa construcción desde la humildad y el compromiso. “Es un ejemplo de respeto y disciplina”, destacó el entrenador.
El factor gente: de un puñado a una cancha llena
Otro de los cambios más significativos es el crecimiento del acompañamiento del público. Donde antes había tribunas semivacías, hoy hay un estadio que se llena partido tras partido.
“La gente se está contagiando. No pensé que iba a pasar tan rápido”, confesó Torres, visiblemente sorprendido por la respuesta de los hinchas en un club joven, con apenas ocho años de vida.
Un objetivo claro: el ascenso
Más allá de los procesos y el crecimiento institucional, el objetivo está definido y no se negocia: el ascenso. “Es nuestra obsesión”, afirmó sin rodeos.
Con un equipo competitivo, una dirigencia alineada y una identidad consolidada, Real Pilar vuelve a ilusionarse. Y mientras la mística se fortalece, el mensaje es claro: el sueño no solo está vivo, sino cada vez más cerca.
