Alarma social: 3 de cada 10 chicos no acceden a una alimentación adecuada en Argentina

Durante el programa Personalmente, el periodista Antonio Novas dialogó con la investigadora Valentina González Sisto, quien explicó el alcance real de estos números. “El indicador que utilizamos es el de inseguridad alimentaria”, detalló, y aclaró que no se trata solo de no comer, sino de situaciones donde las familias deben reducir porciones o comprar menos alimentos por falta de recursos.

El dato más preocupante es que, incluso dentro de ese 30%, hay hogares donde los chicos pueden llegar a comer solo una vez al día. “Cuando hablamos de inseguridad alimentaria severa, nos referimos a hogares que han atravesado situaciones de hambre”, explicó la especialista.

En la práctica cotidiana, esto se traduce en estrategias de supervivencia dentro de los hogares más vulnerables. “Generalmente son las madres las primeras que dejan de comer para priorizar a sus hijos”, remarcó González Sisto, describiendo una realidad que se repite en distintos sectores del país.

En términos de evolución, la investigadora señaló que desde 2018 se observa un deterioro sostenido en estos indicadores: más pobreza infantil y mayores dificultades para acceder a la alimentación. Sin embargo, en la comparación reciente entre 2024 y 2025, se registra una leve mejora. La pobreza infantil bajó del 59,7% al 53,6%, mientras que la inseguridad alimentaria moderada descendió más de cinco puntos.

Este alivio, explicó, está vinculado a dos factores principales: la desaceleración de la inflación y la recomposición de ingresos a través de políticas sociales. En particular, destacó el impacto de la Asignación Universal por Hijo y la tarjeta Alimentar, que actualmente alcanzan a casi la mitad de los niños del país.

A pesar de esta mejora puntual, el cuadro general sigue siendo crítico. Como planteó Novas al inicio de la entrevista, el hecho de que seis de cada diez chicos sigan siendo pobres refleja un problema estructural que Argentina no ha logrado revertir en décadas.

La cifra, más allá de su frialdad estadística, expone una realidad concreta: millones de chicos que crecen con carencias básicas, en un contexto donde comer todos los días sigue siendo, para muchos, un desafío.

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