En una jornada que expuso con crudeza las tensiones entre la realidad social y la escena política, el periodista Antonio Novas trazó un diagnóstico tan directo como incómodo: en la Argentina de hoy, el primer muro de contención ante la crisis no es la Casa Rosada ni las gobernaciones, sino los intendentes.
La afirmación no es menor. Mientras el debate público suele concentrarse en las grandes figuras del poder nacional, Novas puso el foco en el nivel más cercano a la gente. “Son los intendentes los que escuchan el ‘no tengo para comer’, ‘no tengo para un remedio’, ‘necesito trabajo’”, sostuvo. Esa cercanía —casi cotidiana— los convierte en la cara visible de una demanda social que no encuentra respuesta suficiente en las estructuras superiores del Estado.
Ese contraste quedó evidenciado en la movilización de más de 50 jefes comunales bonaerenses, entre ellos Federico Achával, quienes reclamaron por la falta de fondos para políticas alimentarias. El eje del conflicto es el financiamiento del programa de asistencia que sostiene la alimentación de millones de chicos en la provincia de Buenos Aires.
Según detalló Novas, los números son elocuentes: en 2024 el Gobierno nacional envió $70.000 millones cuando se requerían $104.000 millones; para 2025, frente a una inflación cercana al 60%, las transferencias apenas crecieron un 10%. “No hay forma de sostenerlo”, resumió.
La crítica del editorial no se detuvo en la cuestión presupuestaria. Apuntó, sobre todo, a lo que definió como una desconexión política. Mientras los intendentes marchaban por recursos para garantizar la alimentación básica, en el Congreso se desarrollaba lo que calificó como un “circo sin pan”, en referencia a la exposición del vocero presidencial Manuel Adorni, respaldado por el presidente Javier Milei y su entorno.
Para Novas, la escena parlamentaria estuvo más cerca de una puesta en escena que de un ejercicio institucional de rendición de cuentas. “No fue un informe de gestión, fue un espectáculo”, disparó, al cuestionar anuncios que —según su mirada— no reflejan la urgencia social.
El contraste es el núcleo del planteo: de un lado, los intendentes en la calle reclamando por alimentos; del otro, el poder central enfocado en la narrativa política. Esa tensión, advierte el periodista, no solo profundiza la crisis social sino que erosiona la calidad democrática.
En ese sentido, el editorial introduce una dimensión más amplia: el riesgo de naturalizar prácticas que degradan la institucionalidad. “Hay una generación que puede creer que esto es la democracia”, alertó, al comparar la situación actual con el proceso democrático iniciado en 1983 con Raúl Alfonsín.
El diagnóstico se completa con un panorama social crítico: dificultades crecientes en el acceso a medicamentos, presión sobre el sistema de salud y caída generalizada de la actividad económica. En ese contexto, Novas plantea que el debate hacia el futuro no debería centrarse únicamente en un programa de gobierno, sino en algo más profundo: un “plan de reconstrucción nacional”.
La pregunta final sintetiza la preocupación: “¿Qué tan chico es el país que se está construyendo?”. Menor consumo, empresas que se achican o cierran, y una economía que pierde dinamismo configuran, según su mirada, un modelo en retracción.
El editorial, en definitiva, no solo describe un conflicto coyuntural por fondos, sino que interpela el rumbo general. Entre la urgencia social y la disputa política, la Argentina parece debatirse —una vez más— entre atender lo inmediato o quedar atrapada en su propia representación.
