La recuperación del Papa y la exigencia física de su próxima gira por América Latina fueron los ejes de una entrevista con el doctor Manglio Miguel Rizzo, jefe del Servicio de Oncología del Hospital Austral. En diálogo con Antonio Novas, el especialista explicó los riesgos asociados a una intervención pulmonar y puso el foco en la intensidad de las actividades previstas para el pontífice después de un posible viaje en avión.
Durante la conversación, el médico remarcó que la información disponible era parcial y que no era posible establecer un diagnóstico definitivo a partir de los datos difundidos. También señaló que una lesión pulmonar pequeña no significa necesariamente que se trate de cáncer.
Qué significa detectar un nódulo pulmonar de 3 milímetros
Rizzo explicó que un nódulo pulmonar es una imagen que se identifica habitualmente mediante estudios como una tomografía. En el caso mencionado durante la entrevista, la lesión tendría un diámetro de tres milímetros, un tamaño que el especialista describió como pequeño.
Sin embargo, aclaró que la imagen por sí sola no permite confirmar si se trata de un tumor maligno o de una lesión benigna.
La respuesta definitiva, explicó, se obtiene mediante el estudio anatomopatológico del tejido extraído durante la cirugía, que permite analizarlo con un microscopio.
El oncólogo consideró que, si efectivamente se tratara de un tumor, el tamaño y la detección temprana serían elementos alentadores, aunque insistió en que no contaba con información suficiente para establecer un diagnóstico sobre el caso particular.
Cómo es la cirugía y cuánto puede durar la recuperación
El especialista detalló que este tipo de intervenciones puede realizarse mediante técnicas mínimamente invasivas, como la videotoracoscopía, que permite acceder al espacio pleural mediante pequeñas incisiones y una cámara.
En lesiones de dimensiones reducidas, explicó, puede ser suficiente extraer una porción pequeña del pulmón, sin necesidad de retirar un lóbulo completo. También señaló que existen procedimientos asistidos por robots.
Según su explicación, la recuperación inicial suele ser relativamente rápida cuando no aparecen complicaciones. El paciente puede permanecer algunos días internado y, posteriormente, continuar la recuperación en su domicilio.
Rizzo indicó que el dolor suele ser más intenso durante la primera semana y que la falta de aire y la capacidad funcional pulmonar pueden mejorar progresivamente durante las semanas siguientes.
No obstante, hizo una distinción importante: aunque algunos síntomas pueden mejorar en aproximadamente un mes o un mes y medio, la recuperación completa de la capacidad funcional puede llevar alrededor de seis meses.
El viaje en avión, una preocupación adicional
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la posibilidad de que el Papa viaje en avión pocas semanas después de la intervención.
Rizzo explicó que la presión dentro de la cabina de un avión es inferior a la que existe al nivel del mar. Si quedara aire en el espacio pleural —una condición conocida como neumotórax—, ese aire podría expandirse y generar complicaciones.
Por ese motivo, señaló que habitualmente se recomienda esperar entre dos y tres semanas después de una cirugía de estas características antes de volar, aunque el plazo concreto depende de la evolución del paciente y de la evaluación médica.
En relación con las fechas mencionadas durante el programa, el especialista consideró que el tiempo disponible podía resultar razonable si todo evolucionaba favorablemente, pero advirtió que el margen era ajustado.
La intensa agenda del Papa en la Argentina
Antonio Novas planteó que la dificultad no radica solamente en soportar un vuelo de larga distancia, sino también en afrontar una agenda que contempla ceremonias oficiales, encuentros institucionales, celebraciones religiosas y traslados entre distintas ciudades.
Durante la entrevista, el conductor repasó el itinerario que atribuyó a la Conferencia Episcopal Argentina, con actividades previstas en Buenos Aires, Claypole, Córdoba y Luján, entre otros compromisos.
Frente a esa descripción, Rizzo coincidió en que la exigencia física sería considerable.
“Si fuese un paciente que yo veo en el consultorio hoy, la recomendación sería postergar todo lo que es postergable por distintos motivos”, afirmó.
El oncólogo explicó que la necesidad de cumplir con un objetivo en una fecha determinada también puede generar estrés, cuando lo deseable durante la recuperación es contar con tranquilidad y flexibilidad.
Además, advirtió que cualquier exigencia física durante la etapa de recuperación representa un esfuerzo adicional para el organismo.
“Va a ser una paliza”: la advertencia sobre el esfuerzo físico
Al escuchar el detalle de las actividades previstas, Rizo coincidió con Novas en que la gira representaría un desafío importante después de una operación pulmonar.
El especialista diferenció dos cuestiones: por un lado, la posibilidad de realizar el viaje desde el punto de vista médico y, por otro, el impacto que podría tener el ritmo de las actividades sobre la recuperación posterior.
“En cuanto a cómo se va a sentir él y lo que significa de exigencia física, coincido 100% que va a ser una paliza”, expresó.
De todos modos, aclaró que no contaba con información clínica suficiente para determinar qué consecuencias concretas podría tener esa exigencia sobre el estado de salud del pontífice.
Una decisión que depende de la evolución clínica
La entrevista concluyó con una reflexión sobre la necesidad de evaluar la conveniencia de mantener o modificar los compromisos previstos de acuerdo con la evolución del paciente.
Para Rizo, el plazo hasta el viaje podía ser compatible con una recuperación inicial si no surgían complicaciones. Sin embargo, consideró fundamental conservar la posibilidad de postergar actividades cuando la evolución médica lo requiriera.
El especialista también remarcó que la decisión final corresponde al paciente, con el asesoramiento de sus médicos.
