La industria metalúrgica atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. El sector utiliza apenas el 39,2% de su capacidad instalada, un nivel que implica que prácticamente seis de cada diez máquinas permanecen sin actividad.
El dato fue analizado por Antonio Novas durante una entrevista con Elio Del Re, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), en el programa Personalmente de FM Estudio 2.
“De 10 máquinas en la industria metalúrgica, seis estén paradas, es muy complejo. Esa es la situación donde estamos para hoy, eso es lo que estamos viviendo”, describió Del Re.
El dirigente industrial explicó que, además del nivel de utilización de las plantas, los últimos indicadores muestran una caída interanual del 4,6%, aunque el dato mensual registró una leve mejora del 0,1%.
Sin embargo, consideró que las variaciones mensuales pierden relevancia cuando se parte de niveles tan bajos de actividad.
“Estamos hablando de comparaciones en niveles tan bajos que esos aumentos no son representativos. Tendríamos que tener muchos aumentos acumulados durante muchos meses para poder volver a los niveles que teníamos antes”, explicó.
¿Qué significa trabajar al 39,2%?
Durante la entrevista, Novas utilizó un ejemplo sencillo para explicar qué implica el indicador: si una empresa tiene diez máquinas disponibles para producir y solamente utiliza cuatro, el resto permanece ocioso.
Del Re aclaró que el 100% de utilización de la capacidad instalada es prácticamente una utopía porque implicaría que las plantas funcionaran permanentemente en varios turnos, incluso durante los fines de semana.
Según explicó, para el sector metalúrgico un nivel de utilización de entre 65% y 68% representa un escenario saludable, mientras que valores cercanos al 70% pueden considerarse muy buenos.
La situación actual, por lo tanto, se encuentra más de 25 puntos por debajo de esos niveles.
“Claramente estamos hablando de que los números actuales, para tener una realidad y un paralelismo, los estamos teniendo a la salida de la pandemia”, señaló Del Re.
El dirigente recordó además que durante los últimos 30 años hubo momentos en los que la utilización de la capacidad instalada llegó a niveles cercanos al 70%, especialmente cuando existieron políticas industriales activas.
El impacto sobre el empleo y el consumo
Para Del Re, el problema de la industria no queda limitado a las fábricas. La caída de la producción tiene consecuencias directas sobre el empleo y, posteriormente, sobre el consumo.
“Usted está viendo que los índices de desempleo están creciendo en forma importante en la Argentina. En líneas generales, con eso la industria tiene mucho que ver”, afirmó.
El presidente de ADIMRA destacó que los países desarrollados cuentan con industrias fuertes no por una cuestión ideológica, sino porque consideran que tener un entramado industrial robusto es conveniente para sus economías.
“Los países desarrollados del mundo tienen industrias robustas. No es que se les antoja ser industriales o no, les conviene ser industriales”, sostuvo.
La relación con el consumo, según explicó, también resulta directa: cuando aumenta el desempleo, disminuye el consumo.
Empresas al límite: “Están haciendo cuentas muy finitas”
Otro de los puntos de mayor preocupación es la situación financiera de las empresas metalúrgicas.
Consultado sobre la posibilidad de que continúe la desaparición de compañías si el sector mantiene niveles de utilización cercanos al 40%, Del Re reconoció que el panorama es complejo.
“Hay muchas que están haciendo cuentas muy finitas para poder sostenerse y están esperando que haya algún viento de cambio en el sector industrial”, señaló.
Y advirtió: “Si eso no ocurre, hay muchas empresas que van a sufrir mucho más de lo que están sufriendo ahora”.
El antecedente de la maquinaria agrícola
A pesar del diagnóstico crítico, Del Re aseguró que existen herramientas capaces de generar una recuperación relativamente rápida si se aplican los incentivos adecuados.
Como ejemplo, mencionó lo ocurrido recientemente con la maquinaria agrícola, cuando una línea de financiación del Banco Nación con tasas consideradas atractivas impulsó la actividad.
“Simplemente el Banco Nación colocó una tasa de financiación para la compra de maquinaria agrícola medianamente interesante. El sector levantó mientras duró esa medida”, explicó.
Para el dirigente, el episodio demuestra que existen políticas concretas que pueden modificar rápidamente el comportamiento de determinados sectores.
“Hay medidas, hay cosas que se pueden ir haciendo que ayudan a que el ecosistema funcione”, afirmó.
Petróleo, gas y minería: la oportunidad de generar industria
Del Re también planteó una alternativa para aprovechar el actual desarrollo de los recursos naturales argentinos.
En su visión, el crecimiento de sectores como petróleo, gas y minería debería generar una cadena industrial alrededor, del mismo modo que ocurrió históricamente con el sector agropecuario.
Como ejemplo, mencionó a la maquinaria agrícola, una industria que no solamente abastece al mercado interno sino que también exporta tecnología y productos a más de 120 países.
“El sector agroindustrial creó una fuente de industria alrededor que no solo vende al agro local, sino que exporta a más de 120 países”, destacó.
Según Del Re, el mismo proceso podría replicarse alrededor de los recursos energéticos y mineros.
“Si todo eso mismo pasara en los sectores de petróleo, gas y minería, seguramente tendríamos industria metalúrgica para rato”, sostuvo.
“Hay que alinear los recursos naturales con el trabajo”
El presidente de ADIMRA consideró que la clave está en vincular la explotación de los recursos naturales con la generación de empleo y el desarrollo de proveedores nacionales.
“Es alinear aquellos recursos naturales que tiene el país, que son muy beneficiosos para él, con su gente, con el trabajo. Creo que ahí está la clave”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que la industria argentina todavía tiene margen para recuperarse si se adoptan decisiones que favorezcan la producción.
“Si se toman algunas decisiones en el sentido correcto, si se colocan los estímulos en el sentido correcto, las cosas pueden cambiar con una velocidad que nos puede asombrar”, aseguró.
El diagnóstico deja planteado un escenario de fuerte tensión: mientras el sector metalúrgico trabaja apenas al 39,2% de su capacidad instalada, las empresas enfrentan dificultades para sostener el empleo y esperan señales que permitan reactivar la producción.
Para Del Re, la recuperación no necesariamente requiere medidas extraordinarias, sino incentivos adecuados, financiamiento y una estrategia que permita transformar el boom de los recursos naturales en desarrollo industrial y empleo argentino.
