El deterioro del poder adquisitivo y los cambios en los hábitos de consumo volvieron a quedar expuestos en un dato que llamó la atención durante una entrevista realizada por Antonio Novas en FM Estudio 2. Mientras un reciente informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) reveló que el 83,5% de los trabajadores experimenta algún grado de vulnerabilidad alimentaria, un kiosquero de larga trayectoria sostuvo que el producto que más crece en las ventas ya no responde a una moda, sino a una necesidad: el alfajor.
Claudio Páez, comerciante de Almagro con más de 30 años en la actividad y reconocido por sus análisis del consumo en redes sociales, aseguró que los alfajores pasaron a ocupar un lugar central en las compras cotidianas.
«El mes pasado representaban el 22% de la venta global del kiosco. Hoy ya estamos casi en un 30%. Es un crecimiento enorme, pero desgraciadamente no porque estén de moda, sino porque la gente los utiliza para reemplazar el desayuno, el almuerzo, la merienda y hasta la cena», explicó.
El reemplazo de una comida completa
Durante la entrevista, Novas relacionó las estadísticas de la UCA —que indican que el 61% de los trabajadores saltea comidas y el 78% consume alimentos menos nutritivos por razones económicas— con lo que ocurre diariamente en los kioscos.
Según Páez, la mayor demanda se concentra en las promociones de bajo costo.
«La gente busca la ofertita. Los productos que más salen son los más económicos. Con mil pesos se lleva dos alfajores y, aunque no sea una comida, logra engañar el estómago por unas horas«, sostuvo.
Entre los productos más vendidos aparecen promociones como dos alfajores por $1.000 o tres unidades por el mismo valor, una estrategia comercial que, según explicó, responde directamente al bolsillo de los consumidores.
También mencionó el crecimiento de alfajores de mayor tamaño, conocidos popularmente como «bajoneros», que rondan los 100 gramos y son elegidos porque generan mayor sensación de saciedad.
Los productos que desaparecieron del carrito de compras
El comerciante aseguró que el cambio en los hábitos de consumo también quedó reflejado en otros rubros tradicionales del kiosco, muchos de los cuales prácticamente dejaron de venderse.
Entre ellos mencionó:
- Tabletas grandes de chocolate.
- Bombones.
- Huevos de chocolate con sorpresa.
- Chicles y pastillas.
- Gaseosas familiares de primeras marcas.
«Hoy antes que comprarte un paquete de pastillas, la gente elige algo que la llene. El consumo mutó completamente», resumió.
«Entre seis y diez personas por día pasan a pedir ayuda»
Más allá de las ventas, Páez describió una realidad que, según afirmó, se repite diariamente en la puerta de su comercio ubicado sobre la avenida Rivadavia al 4000, en el barrio porteño de Almagro.
«Todos los días pasan entre seis y diez personas a pedir algo para comer o alguna ayuda. El panorama es muy triste y desesperante», afirmó.
Para el kiosquero, el informe elaborado por la UCA refleja con precisión lo que observa detrás del mostrador.
«Creo que ese informe muestra exactamente lo que estamos viviendo. La gente no tiene un mango y lo poco que tiene lo destina a un alfajorcito para llenar la panza», concluyó.
La fotografía que surge del consumo cotidiano coincide así con los indicadores sociales: mientras las comidas completas pierden espacio por su costo, los productos de menor precio y mayor poder de saciedad se convierten, cada vez más, en una alternativa para miles de trabajadores argentinos.
